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Por GestiónCultural - 26 de Agosto, 2014, 2:17, Categoría: Foto

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Por GestiónCultural - 25 de Agosto, 2014, 1:20, Categoría: Foto

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¿Identidades sexuales o nuevas formas de control?

Por GestiónCultural - 24 de Agosto, 2014, 12:07, Categoría: General

Una red social ofrece a sus integrantes más de cincuenta opciones para nombrar la preferencia sexual que a cada uno distingue. Desde el punto de vista del derecho que le asiste a una persona a manifestarse de acuerdo a su identidad autopercibida, la propuesta es inobjetable.

En una época en que las relaciones se distinguen por la falta de compromiso amoroso, la fugacidad, el afán de satisfacción, la soledad y la imposición de cumplir con modelos estéticos cada vez más exigentes, ¿qué afanes se agitan tras esta proliferación de semblantes o figuras que pujan por definir, de una manera cada vez más precisa, las modalidades de goce de un sujeto? Valdría indagar si tras el bien habido ideal de la diversidad sexual no se esconde, en muchos casos, un velado rechazo a lo diferente. Es decir, una tendencia a la segregación que empuja a reunirse sólo con aquellos que forman parte de determinados grupos o afinidades de goce.

Desde esta perspectiva, la necesidad de contar con una grilla cada vez más nutrida de identidades sexuales no estaría más que velando el culto al individualismo que distingue al lazo social de nuestros días. De hecho, hay quienes hablan de un "individualismo de masa" para caracterizar este empuje narcisista que termina por reducir al semejante a un mero espejo de mis expectativas de satisfacción. Lo notable es que el deseo, la atracción y el interés erótico anidan en lo diferente y en la sorpresa. Nadie se divierte cuando todo está bajo la égida del control. El lenguaje viene en nuestra ayuda: vamos a descontrolar, dicen quienes programan una fiesta, encuentro o celebración. La pregunta sería ¿qué es lo que está tan controlado como para demandar el "descontrol" cada vez que el placer intenta hacerse un lugar? No en vano el psiquiatra Alan Ehrnberg habla de la fatiga de ser uno mismo al comentar los resortes que hacen de la depresión un mal de época. No hay ningún nombre que pueda abarcar la singularidad del goce. La identificación sexual debe estar al servicio del encuentro con el enigma que habita en el Otro.

Sergio Zabalza Psicoanalista.
Autor De Intimidados En Internet (Letra Viva, 2014)
http://www.clarin.com/opinion/Identidades-sexuales-nuevas-formas-control_0_1198080280.html


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Paul Krugman: La desigualdad es un fastidio

Por GestiónCultural - 24 de Agosto, 2014, 11:50, Categoría: General

POR Paul Krugman - Actualizado el 11 de agosto de 2014

 Durante más de tres décadas, casi todas las personas importantes en la política estadounidense han estado de acuerdo en que impuestos más altos para los ricos y el aumento en la ayuda a los pobres ha lesionado el crecimiento económico.

Los liberales, por lo general, han visto esto como una cesión que vale la pena hacer y lo argumentan al decir que tiene mérito aceptar un precio en la forma de un producto interno bruto (PIB) más bajo con tal de ayudar a conciudadanos necesitados. Los conservadores, por su parte, han defendido la economía de filtración de la riqueza de arriba hacia abajo en pequeñas proporciones e insisten en que la mejor política es rebajar los impuestos a los ricos, recortar la ayuda a los pobres y dar por un hecho que la marea creciente elevará a todas las naves.

Pero hay evidencia creciente para un nuevo punto de vista: que la premisa entera de este debate es errónea, que en realidad no hay compensación entre desigualdad e ineficiencia.

¿Por qué? Es cierto que las economías de mercado necesitan cierta cantidad de desigualdad para funcionar, pero la desigualdad estadounidense se ha vuelto tan extrema que está causando un enorme daño económico. Y esto, a su vez, implica que la redistribución –poner impuestos a los ricos y ayudar a los pobres– bien puede elevar, no bajar, la tasa de crecimiento de la economía.

Puede que uno se vea tentado a descartar esta idea como una ilusión, una especie de equivalente liberal a la fantasía de la derecha de que reducir los impuestos a los ricos aumenta los ingresos fiscales.

De hecho, sin embargo, hay evidencia sólida –procedente de lugares como el Fondo Monetario Internacional– de que la alta desigualdad es un fastidio para el crecimiento y que la redistribución pude ser buena para la economía.

Hace unos días, el nuevo punto de vista sobre la desigualdad y el crecimiento recibió un estímulo de Standard & Poor"s, la organización calificadora, mediante un informe que apoya la percepción de que la alta desigualdad es una molestia para el crecimiento.

La organización resumía así el trabajo de otra gente, no informaba sobre una investigación propia y no es necesario tomar su juicio como santa palabra (hay que recordar su absurda degradación de la deuda de los Estados Unidos).

El visto bueno de S&P muestra lo prevaleciente que se ha vuelto el nuevo punto de vista sobre la desigualdad. En este punto, no hay razón para creer que consolar al consolado y afligir al afligido sea bueno para el crecimiento, y sí buena razón para lo opuesto.

Específicamente, si uno mira de manera sistemática la evidencia internacional sobre desigualdad, redistribución y crecimiento –que es lo que hicieron en el FMI—encuentra que niveles inferiores de desigualdad se asocian con crecimiento más rápido, no más lento.

Lo que es más, la redistribución a los niveles corrientes de países avanzados (con Estados Unidos muy por debajo del promedio) se "asocia vigorosamente con crecimiento más alto y duradero".

Es decir, no hay evidencia de que hacer más ricos a los ricos enriquezca como un todo a la nación, pero sí hay fuerte evidencia de los beneficios de hacer menos pobres a los pobres.

Pero, ¿cómo es eso posible? ¿No es cierto que poner impuestos a los ricos y ayudar a los pobres merma el incentivo para producir dinero? Bueno, sí, pero los incentivos no son lo único que importa para el crecimiento económico. La oportunidad también es crucial. Y la desigualdad extrema le quita a mucha gente la oportunidad de aprovechar su potencial.

Piénselo. ¿Tienen los hijos talentosos de las familias estadounidenses de bajos ingresos la misma oportunidad para aprovechar su capacidad –recibir la educación correcta, seguir el rumbo profesional apropiado—que aquellos que nacen en puntos más altos de la escala? Por supuesto que no.

Lo que es más, esto no es solo injusto, sino también caro. La desigualdad extrema significa un desperdicio de recursos humanos.

Y los programas gubernamentales que reducen la desigualdad pueden hacer más rica a la nación como un todo, mediante la reducción del desperdicio.

Pensemos, por ejemplo, en lo que sabemos acerca de los cupones para alimentos, que han sido blanco perenne de los conservadores que afirman que reducen el incentivo para trabajar. La evidencia histórica en verdad sugiere que la disponibilidad de cupones para alimentos de cierta forma reduce el esfuerzo laboral, en particular para madres solteras.

También sugiere que los estadounidenses que tuvieron acceso a los cupones para alimentos fueron niños que crecieron y llegaron a ser más saludables y más productivos que los que no lo hicieron, lo que significa que dieron un mayor aporte económico. El propósito del programa de cupones para alimentos era reducir la miseria, pero es válido suponer que también fue bueno para el crecimiento económico de los Estados Unidos.

Lo mismo, argumentaría, terminará por ser cierto para Obamacare. Subsidiar el seguro inducirá a algunas personas a reducir el número de horas que trabajan, pero también significará productividad más alta de los estadounidenses que finalmente están recibiendo la atención médica que necesitan, para no mencionar el mejor aprovechamiento de sus habilidades porque pueden cambiar de empleo sin temor a perder cobertura. Por encima de todo, la reforma en salud probablemente nos hará tanto más ricos como más seguros.

¿Modificará el nuevo punto de vista sobre la desigualdad el debate político? Debería. Resulta que ser amables con los ricos y crueles con los pobres no es la clave para el crecimiento económico. Al contrario, hacer más justa la economía también la hará más rica.

Adiós a la filtración de la riqueza de arriba hacia abajo; hola a la filtración de abajo hacia arriba.


Traducción de Gerardo Chaves para La Nación.
Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales
en la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía del 2008.
http://www.nacion.com/economia/politica-economica/Paul-Krugman-desigualdad-fastidio_0_1432256768.html


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Thomas Piketty, economista francés

Por GestiónCultural - 24 de Agosto, 2014, 10:42, Categoría: General

Un economista francés, Thomas Piketty, se está convirtiendo en un influyente profeta al advertir los graves riesgos "de la concentración extrema de los patrimonios". El ensayo es un inusual best seller. En Estados Unidos se vende con mayor éxito que la saga Games of Thornes o Frozen de Disney.

Paul Krugman ha señalado que "revoluciona la manera de abordar las disparidades económicas poniendo a los ricos en el centro del debate ". Es probable que la obra de Piketty, Le Capital au XXI siecle , resulte una importante referencia económica y política en el mundo, como no ocurría en mucho tiempo. Para Piketty, más allá de Marx o Tocqueville, el capitalismo patrimonial está de regreso, como en otros momentos de la historia, con la misma lógica de la acumulación económica dominada por dinastías familiares. El retorno de capital es mayor que la tasa de crecimiento. La solución a esta involución, según Piketty, consistiría en gravar las rentas de capital hasta que su entorno neto (después de impuestos) se sitúe por debajo del crecimiento económico.

Para ese objetivo, propone un impuesto global del 80% a las rentas financieras superiores al millón de dólares, de 50 a 60% por encima de 200 mil dólares, y un impuesto a la riqueza del 10% anual en las mayores fortunas, o el 20% una única vez en patrimonios altos.
La publicación enfatiza que las desigualdades existentes terminan con la posibilidad de sociedades estables. De continuar, se transformarían en insostenibles para dentro de dos o tres décadas con situaciones sociales similares al siglo XIX. También sería germen de nacionalismos extremos o de excesos de proteccionismo.
En este sentido, señala que para evitar terminar en ese mundo de injusticias resulta urgente solucionar los problemas de desigualdad existentes. De lo contrario, advierte, se resolverán por la violencia. Más allá de su propuesta, como de las advertencias o de los calificativos que ha recibido de ser un marxista moderado por relativizar el modelo soviético, lo cierto es que el diagnóstico de Piketty es tenido en cuenta en las principales capitales del mundo, incluyendo la Casa Blanca, por entender que las ideas contenidas en la publicación, en el sentido que el mercado sea el esclavo y no al contrario, podrían transformar el escenario económico y político mundial. Lo recomendable, por lo pronto, es leerlo con atención.

Roberto García Moritán EX VICECANCILLER
http://www.clarin.com/opinion/economista-frances-dispara-capitalismo_0_1131486928.html
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27 ABR 2014
ENTENDER LAS SOCIEDADES LO QUE ENSEÑAN LAS NOVELAS
El capitalismo del siglo XXI
Se lo saluda como el título económico del año, o de la década. El economista francés caracteriza al capitalismo actual por el ahondamiento de la desigualdad.

The New York Times

Thomas Piketty tenía 18 cuando en 1989 cayó el Muro de Berlín, de modo que no vivió el atormentado debate intelectual francés sobre las virtudes y defectos del comunismo. Aún más revelador, recuerda Piketty, fue un viaje que hizo con un amigo a Rumania a comienzos de 1990, tras el colapso del imperio soviético.
Esto de alguna manera me vacunó de por vida contra la retórica anticapitalista laxa, porque viendo esas tiendas vacías, esa gente haciendo cola para nada en la calle, entendí que necesitamos la propiedad privada y las instituciones del mercado", dice.
Pero su desencanto con el comunismo no significa que Piketty le haya dado la espalda a la herencia intelectual de Karl Marx, quien se propuso explicar las "férreas leyes" del capitalismo. Al igual que Marx, Piketty es muy crítico de las desigualdades económicas y sociales que produce el capitalismo sin límites, y considera que se seguirán agravando. "Pertenezco a una generación que nunca se vio atraída por el Partido Comunista; yo era demasiado joven", confesó Piketty entrevistado en su oficina de la Escuela de Economía de París. "En cierto modo es más fácil reabrir estas grandes cuestiones sobre el capitalismo y la desigualdad con una nueva mirada. No necesito justificarme diciendo que soy procomunista o procapitalista".
En su libro El capital en el siglo XXI (publicado en Francia en 2013 y con flamante versión inglesa), Piketty, de 42 años, echa por tierra supuestos anteriores sobre la benevolencia del capitalismo avanzado y pronostica un crecimiento a pasos agigantados de la desigualdad de la riqueza en los países industrializados, que tendrá un impacto profundo y nocivo en los valores democráticos de justicia y equidad.
Branko Milanovic, ex economista del Banco Mundial, lo consideró "uno de los libros clave del pensamiento económico". Paul Krugman escribió que "será el libro de economía más importante del año, y quizás de la década". Notable para un libro sobre un tema tan arduo, ya ingresó en la lista de best sellers del New York Times .
El capital en el siglo XXI , con su título que evoca a El capital de Marx, está llamado a ser una vuelta al tipo de historia económica, de economía política, que escribieron predecesores de la talla de Marx y Adam Smith. Representa un verdadero esfuerzo para entender a las sociedades occidentales y las reglas económicas que las sostienen. Y en el proceso, al refutar la idea de que "cuando sube la marea, todos los barcos flotan (la riqueza es contagiosa)", Piketty desafía a los gobiernos democráticos a que se ocupen de la brecha cada vez más grande entre ricos y pobres.
Piketty creció en un hogar politizado, con padres de izquierda que participaron en el Mayo francés de 1968. Más tarde, se mudaron al Aude, en el sur de Francia, para criar cabras. Sus padres no son un tema del que quiera hablar. Más relevantes, para él, son las "experiencias fundantes" de su propia generación: el colapso del comunismo, la degradación económica de Europa Oriental y la primera Guerra del Golfo, en 1991.
Estos acontecimientos lo llevaron a tratar de entender un mundo donde las ideas económicas tuvieron consecuencias tan malas. Con respecto al Golfo, le demostró que "los gobiernos pueden hacer mucho en términos de redistribución cuando quieren". "Si somos capaces de enviar un millón de soldados a Kuwait en unos pocos meses para recuperar el petróleo, supuestamente algo podemos hacer respecto de los paraísos fiscales". ¿Enviaría tropas a Guernsey, el paraíso fiscal del Canal de la Mancha? Piketty sonríe apenas. "Ni siquiera tenemos que hacer eso. Alcanza con una simple política comercial básica, sanciones comerciales", dice.
Excelente estudiante, Piketty fue admitido en la selecta École Normale Supérieure, donde se forma la elite francesa, a los 18 años. Su tesis doctoral sobre la teoría de la redistribución de la riqueza, completada a los 22, obtuvo premios. Luego enseñó economía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, pero volvió dos años después a Francia, desilusionado con el estudio de la economía en EE.UU.
Mi doctorado es fundamentalmente sobre teoría económica pura porque era lo más fácil de hacer, y me contrataron en el MIT como profesor auxiliar joven que hacía teoría económica", evocó. "Era joven y me iba muy bien enseñando, por eso me resultaba un camino sencillo. Pero muy pronto me di cuenta de que poco se hacía en la recopilación de datos históricos sobre ingresos y riqueza, y entonces comencé a hacerlo".
La economía académica está tan focalizada en la econometría que nadie piensa, nadie se atreve a formular las preguntas importantes", señaló. Los economistas de EE.UU. suelen limitarse a las preguntas que pueden contestar, "pero a veces las preguntas no son tan interesantes", dijo. "Intentar escribir un libro que realmente pudiese hablarles a todos significaba que no podría elegir mis preguntas. Tenía que abordar de frente las cuestiones importantes. No podía escaparme". Piketty odiaba la insularidad del departamento de economía. Por eso decidió escribir un libro amplio que abarca tanto la historia como la economía, y estructurado para mantener el interés del lector común.
Tampoco le teme a la literatura, y encuentra inspiración en las descripciones de la sociedad en las novelas realistas de Jane Austen y Balzac. La mejor manera de adquirir riqueza en esos relatos era mediante un matrimonio conveniente: todos sabían que el dinero y tierra heredados eran la única manera de vivir bien, ya que el trabajo por sí solo no producía suficientes ingresos. Piketty se preguntó cómo había cambiado esa conjetura.
Al extender su trabajo sobre Francia a EE.UU. en colaboración con Emmanuel Saez, profesor de economía en Berkeley, observó que el patrón imperante a comienzos del siglo XX –cuando el 10% más alto de la distribución abundaba en ingresos por rentas, por dividendos y por intereses– no era prevalente en los años 70 y volvía a serlo en los 90.
Me llevó mucho tiempo darme cuenta de que, en efecto, estábamos volviendo lentamente en la dirección del equilibrio anterior, y de que éramos parte de un largo proceso de transición", explicó. Cuando comenzó a trabajar en el tema a fines de los 90, "no había manera de que esto se entendiese tan claramente; contar con 20 años más de datos marca una gran diferencia para comprender el período de la posguerra".
Sus observaciones, con la ayuda de la informática, se basan en siglos de estadísticas sobre acumulación de riqueza y crecimiento económico en países industriales avanzados. Además, están enunciadas de un modo bastante sencillo: la tasa de crecimiento del ingreso proveniente del capital es varias veces superior a la tasa de crecimiento económico, lo que significa que una porción comparativamente decreciente va al ingreso proveniente del salario, que pocas veces aumenta más que el conjunto de la actividad económica. La desigualdad aumenta cuando la población y la economía crecen poco.
La razón por la que las economías de posguerra parecieron diferir –la desigualdad cayó– fue una catástrofe histórica. La Primera Guerra Mundial, la Depresión y la Segunda Guerra Mundial destruyeron colosales acumulaciones de capital privado, especialmente en Europa. Lo que los franceses llaman "les trentes glorieuses" –los 30 años de rápido crecimiento económico y reducción de la desigualdad que siguieron a la posguerra- constituyeron una recuperación.
La curva estadounidense, por supuesto, es menos abrupta, dado que la guerra transcurría en otro lugar.
Una tasa superior a la normal de crecimiento económico y poblacional contribuyó a reducir la inequidad, junto con subas de impuestos a los ricos. Pero el supuesto político y profesional de los años 50 y 60, de que la desigualdad se estabilizaría y se reduciría por sí sola, resultó ser una ilusión. Ahora estamos volviendo al patrón tradicional de rendimiento del capital de 4% a 5% anual y tasas de crecimiento económico de alrededor de 1,5% por año.
Así, la desigualdad se aceleró rápidamente, con la ayuda, hasta cierto punto, del reaganismo y el thatcherismo y sus reducciones de impuestos a los ricos. "La teoría del derrame de la riqueza desde las capas sociales más altas a las más bajas podría haber sido verdadera", dijo Piketty escuetamente. "Pero era errada".
Su trabajo representa un cuestionamiento tanto para la economía del marxismo como para la del laissez-faire , las cuales "ambas dan por sentadas fuerzas económicas puras para que impere la armonía o la justicia", dijo. Mientras que Marx consideraba que la tasa de rendimiento del capital, en virtud de las contradicciones del sistema, caería a cerca de cero, provocando el colapso y la revolución, Piketty dice lo contrario. "La tasa de rendimiento del capital puede ser superior a la tasa de crecimiento para siempre: esto es lo que en verdad ha sucedido durante casi toda la historia de la humanidad, y existen buenas razones para suponer que así seguirá siendo en el futuro".
En 2012 el 1% más rico de los hogares estadounidenses se alzó con el 22,5% de la renta de la nación, el total más alto desde 1928. El 10% más rico de los estadounidenses hoy se queda con una porción más grande de la torta –más del 70% de la riqueza del país– que en 1913, hacia el final de la Edad Dorada. Y la mitad de eso está en manos del 1% más acaudalado.
Piketty, padre de tres niñas, no es miembro de ningún partido político y dice que jamás fue asesor económico de un político. Se autodenomina pragmático, alguien que simplemente sigue los datos. Pero acepta que su trabajo es esencialmente político.
La desigualdad en sí es aceptable, dice, en tanto despierta la iniciativa individual y la generación de riqueza que, con la ayuda de un sistema progresivo de impuestos y demás, ayuda a que todos mejoren su situación. "No tengo problema con la desigualdad siempre y cuando sea conveniente para todos".
Pero al igual que Joseph E. Stiglitz, Piketty sostiene que la desigualdad extrema "pone en peligro a nuestras instituciones democráticas". La democracia no es sólo un ciudadano-un voto, sino una promesa de igualdad de oportunidades.
 http://www.ieco.clarin.com/economia/capitalismo-XXI-autor-economico-momento_0_1127887572.html




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